junglas fucsias
descontrol entre las sombras
se funde con la luz roja
un abismo salvaje
asoma el impenetrable
el ojo de leche
nos muestra la figura
desencontrada, dolida y sufrida
que grita su canto a la selva
escupe y saliva
su negro epicentro de angustia,
de noche que no suena
de oscuridad y silencio
llena de ser su ausencia
es fría
rodeada de corolas
su mente imagina
qué será de la niña
bailando en las nubes
y de su amor de porcelana
muere una
y otra vez, la sangre
la absorve la luna
y otra vez, el silencio se quema
en el día
y otra vez, la música se aclara
para llorar el plomo
que otra vez es su vida
improvisar el fin,
sobre arpegios mudos
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