Mirate solo, en un cuarto a oscuras de luz, pero lleno de colores. ¿Escuchás? Sentilos, están todo alrededor, y afuera, lejos, hay muchos más. No sé qué son, pero siento que los veo. No, no con los ojos.
se acomodó en la cama, y dirigió su mirada hacia afuera, a través de la ventana
Más allá, respira la ciudad. Absorbe ruido y lo hace música. También, sin tener que verlos, sabe que ahí están los faroles de la noche, iluminando desde arriba para dar forma a la oscuridad nocturna. Hasta el alba, serán su compañía.
Quiere fumar pero sólo para crear una imagen, quiere ver el humo expandirse perezosamente por su habitación, quiere sentir un poco más esa soledad, contra el pecho... ¡Basta!
¿Qué es eso? Ha estado ahí desde siempre. Quimera de la eternidad, testimonio de lo valioso y de lo efímero. Primero quiere verla, y eso no pasa, no porque sea imposible hacerlo, sino porque él sabe que no corresponde. Entonces la huele, la saborea con sus labios, y es lo más fino, y es lo más dulce que ha probado, jamás. Siente sus caricias en todo el cuerpo, no entiende cómo esas manos, esos dedos lo atraviesan a la vez, sin tocarlo. Ya no mira, no sólo observa, ya está viendo; ya no prueba, ni degusta, se sumerge ahora en el mismísimo seno del sabor; por fin logra el desliz de sus dedos, acaricia, es el más íntimo contacto, Y sin más, con todo su cuerpo vibra, y más allá de su cuerpo también está su espíritu y su ser que se mueven acompañándole pero no está escuchando.
Antes de que el sol aleje a las cabras, se duerme envuelto en ella. Antes de perderse en la inconsciencia, se detiene a pensar, y ve cómo sus labios gesticulan, y se da cuenta de que los sabe, él los conoce incluso en su danza. Antes de escuchar oye, la música.
qué lindo
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