Amigos como lazos imperceptibles pero frágiles al tacto, bajo un techo estructurado se sentaron; ni uno ni otro filo de la finísima espada que colgaba sobre sus cabezas reflejaba el drama propio de la tan tiesa situación que por su misma naturaleza mantenía en medio del aire el filoso instrumento; y de todos los que allí se encontraban, dos eran los que gozaban de aquello no puede ser entendido como lazo, sino como cuerda, tormentosa relación que de naturaleza divina asía el arma que se elevaba ahora, pero que por la más indiscutible de las lógicas caería al fin.
La única, que en el centro era el blanco perfecto, estaba destinada a morir en manos del frío metal que la atravesaría casi artísticamente, e inentendiblemente y sin embargo ella le temía por bien que le conociera, y con cautela y torpeza se movía con el propósito de no pertubar jamás la posición de la espada, acto que la llevó a pensar en la fortuna y en el último destino de la hoja, preocupándola. ¿Valdrá la pena tal posición puesto que aunque entre dos filos juegue en ambas naturalezas el cortar inevitablemente está?
Tal y como la mayoría de las respuestas llegó como quizo, ocacionalmente generando más preguntas. Y el momento cayó junto al filo. Fue entonces cuando ella decidió tirar de los lazos que la unía a sus amigos, desgarrándolos. Y así cuando al desplazarse, aunque ya desgarrados, fueron escindidos. Y al principio, tanto como cuando todo ya acababa, no había lazos sólo sino una asfixiante cuerda. Adiós a la elocuencia e inocencia. El sentimiento desde ambos filos era ahora mútuo, soledad.
Acabo de leer lo que me pusiste en el blog hace un tiempo atrás jaja gracias! A mi me encanta como escribís, mucho. Lo extraño Ber
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